"Los misterios no se eslabonan unos a otros, ya que surgen de manera inesperada para que los podamos descubrir y, al hacerlo, despierten y enciendan sensaciones únicas que, sin duda, alteran nuestra forma de vida. Lo mismo ante lo recóndito y arcano como otras veces ante lo inaccesible a la razón y la lógica, por lo difícil de explicar o comprender, en su cualidad de oculto y enigmático." Marcelino Menéndez http://marcelinomenendez.blogspot.com.es/ Gracias, amigo-poeta
jueves, 12 de septiembre de 2013
Saber y Comprender: EL PESO DEL ALMA
Saber y Comprender: EL PESO DEL ALMA: Es cierto que nuestra Alma tiene peso físico en este Link Realice su información: http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2009/01...
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Andres Rueda: Quisiera ser
andres rueda: Quisiera ser: (A Andrés Rueda). Quisiera ser, la huida de uno de tus pinceles antes de acometer de nuevo sobre la soledad del lie...
miércoles, 28 de agosto de 2013
viernes, 9 de agosto de 2013
Poemas para un Nuevo Amor: Hoy es el día menos pensado
Poemas para un Nuevo Amor: Hoy es el día menos pensado: Ella tiene ojos que brillan en la noche y se cubren de estrellas mientras su mirada me sueña. Al acercarse a mí su boca se lle...
Los abuelos (Oschanski)
Orchanski es un pediatra cordobés muy reconocido, y éste es un
artículo que publicó en uno de los diarios de Córdoba.
Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida,
aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad.
Enrique Orschanski.
19/01/2013 | Enrique Orschanski (Médico)
En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente
como consecuencia de un nuevo sistema de producción.
La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos
padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como
consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo
paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas
al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se
extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía
pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la
protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las
consultas médicas.
Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran
eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe,
zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre,
cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la
que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil
ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de
estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están
solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso
del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de
apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las
anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos:
extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se
ilusionan.
Los abuelos miran diferente.
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.
Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a
veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.
Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna
manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias
de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.
Son incomparables cómplices de secretos.
Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de
sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad
de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias
de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de
tan preocupados que estaban por educarlos.
Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión
de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.
La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.
Los abuelos huelen siempre a abuelos.
No es por el perfume que usan, ellos son así.
¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.
Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena
gente disponible).
FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREIDOS....
LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES.
artículo que publicó en uno de los diarios de Córdoba.
Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida,
aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad.
Enrique Orschanski.
19/01/2013 | Enrique Orschanski (Médico)
En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente
como consecuencia de un nuevo sistema de producción.
La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos
padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como
consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”. El nuevo
paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas
al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se
extendió y naturalizó en muchos hogares. Algunos afortunados todavía
pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la
protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las
consultas médicas.
Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran
eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe,
zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre,
cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la
que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e
identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil
ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de
estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están
solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso
del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de
apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las
anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad.
Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos:
extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se
ilusionan.
Los abuelos miran diferente.
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas.
Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a
veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado.
Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna
manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias
de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más
profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día.
Son incomparables cómplices de secretos.
Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de
sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad
de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias
de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de
tan preocupados que estaban por educarlos.
Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión
de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba.
La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada.
Los abuelos huelen siempre a abuelos.
No es por el perfume que usan, ellos son así.
¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.
Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena
gente disponible).
FINALMENTE Y PARA QUE SEPAN LOS DESCREIDOS....
LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SOLO SE HACEN INVISIBLES.
sábado, 3 de agosto de 2013
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viernes, 2 de agosto de 2013
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miércoles, 31 de julio de 2013
¿Crees que es así?
Quien teme volver a sufrir es porque aún no ha superado un dolor del pasado.
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domingo, 28 de julio de 2013
lunes, 15 de julio de 2013
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domingo, 14 de julio de 2013
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viernes, 5 de julio de 2013
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De tarde en tarde otra soledad nos encuentra y podemos intuir que más allá de nosotros otros mundos naufragan a diario en su propia angustia
— José Vicente Guzmán (@GuzmanJoseVicen) July 4, 2013
jueves, 4 de julio de 2013
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lunes, 1 de julio de 2013
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